Pitos para Griezmann en su vuelta al Wanda



Hay reunión de pastores cerca de la puerta 14 del Wanda una hora antes del comienzo del partido. La parroquia colchonera se reúne, masiva y curiosa, en torno a un rectángulo de acero en el paseo con vistas a las ciudad que da acceso al recinto. Allí están las placas de los jugadores del club que juntaron con más cien partidos. El pueblo se arremolina ante el rótulo de Griezmann, 257 partidos, cinco temporadas, de 2014 a 2019. Y hay morbo porque la lámina está manchada. Restos de mugre, salivazos y suciedad en contraste con la mayoría de las otras. Solo Courtois, con tres latas de cerveza y muchos esputos, se encuentra con peor aspecto.

Cámaras, periodistas e hinchas se reúnen en búsqueda del resultado de un plebiscito que parece sentenciado antes de que celebrarse. A Griezmann lo va a silbar tanta gente como lo vaa a aplaudir o, simplemente, va a hacer caso omiso de la polémica. División de opiniones, como en las tardes de toros. Ni siquiera la chapa del Kun Agüero, tan denostado él por los atléticos y un par de metros a la derecha, asoma con tanta suciedad como la del francés.

Simeone no coloca a Griezmann en la alineación inicial. Lo hace uno que puede ser mejor que él, el portugués Joao Félix. Por eso el francés sale más tarde que los titulares y no se entrena al frenesí diabólico del «Profe» Ortega, giro va, giro viene. Griezmann saluda a su familia, ubicada en la mejor zona del estadio, cerca del palco presidencial, y se entrega a la faena. Suena el nuevo himno del Wanda, el «Partido a partido» de Leiva y Sabina y se anuncian los equipos con sus suplentes. Y llega el veredicto. Pitos para Griezmann.

No había público en el Wanda en la Champions desde aquella eliminatoria con el Liverpool. Se puede considerar que a Griezmann le cayó una bronca de categoría cuando ingresó en el partido, minuto 55, en sustitución de Joao Félix. Una reprimenda con ganas, en la que quedó patente el descontento de la hinchada con las formas del francés al salir del club hace dos años. Fue un calentón efímero. A Griezmann no le silbó más el Wanda, consciente de que su salida y la de Correa activaron al equipo.



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